Durante generaciones, meter una langosta viva en agua hirviendo se consideró algo normal, casi doméstico. Pero el gobierno de Inglaterra acaba de decirlo sin rodeos: ese animal está consciente mientras muere, y agoniza durante varios minutos antes de que el calor lo mate.

Ben Sturgeon, director de la organización Crustacean Compassion, no suaviza las palabras: “Cuando se coloca a un animal vivo y consciente en agua hirviendo, sufre varios minutos de dolor insoportable. Esto es tortura y completamente evitable”. Existen alternativas, como aturdirlas con descargas eléctricas o enfriarlas en hielo antes de cocinarlas, y ya se aplican en Suiza, Noruega y Nueva Zelanda.

La medida se apoya en una ley de 2022 que reconoció que pulpos, cangrejos y langostas sienten dolor igual que cualquier otro animal. Ahora Inglaterra se prepara para prohibir por completo lo que durante años pasó por una simple receta.

