Una madre pensó que sería una compra rápida y dejó su auto encendido con su hijo de cinco meses durmiendo profundamente atrás. Eran las 3 de la madrugada y el lugar estaba vacío, o eso creía ella. El ladrón, que llevaba horas buscando un objetivo fácil, la vio entrar a la tienda, se escabulló y arrancó con el vehículo.

El problema apareció cuando ya había recorrido casi 10 kilómetros. Un ruido débil rompió el silencio del auto, y cuando se giró hacia atrás sintió que la sangre se le helaba, un pequeño bebé envuelto en una manta estaba en el auto que acaba de robar.
Entonces, tomó el único camino que su conciencia, atrofiada pero aún viva, le permitió: lo dejó en una gasolinera en brazos de un extraño y se fue.

Michelle Ashby, la dueña del local, lo vio llegar con el niño en brazos y escuchó los gritos del hombre “¡Toma al bebé!”, y luego lo vio huir.

Sin entender demasiado llamaron a la policía y la madre llegó media hora después, con el alma en un hilo, pero su hijo ya estaba a salvo.
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