Peter Corley, un inspector ferroviario de 62 años, revisaba pasajes en un tren entre Leeds y York cuando encontró a dos jóvenes viajando sin ticket. Tras pedirles que descendieran en la siguiente estación, uno de ellos reaccionó de forma violenta.

Finley Seggie, de 21 años, se abalanzó sobre el trabajador y le propinó un fuerte golpe en el rostro. El impacto fue tan brutal que Peter vio cómo uno de sus dientes salía despedido. Terminó cubierto de sangre y con una factura dental cercana a los 4.000 dólares.


Aunque el agresor fue condenado, la secuela psicológica obligó a Peter a abandonar el empleo que amaba. El atacante evitó la cárcel y recibió una pena suspendida. Todo por un boleto de tren.

