Etta tenía apenas 18 años cuando decidió contarle al mundo quién era realmente. En 2017 se casó con una mujer canadiense, convencida de que el amor no necesita permiso de nadie.

Jackie Chan pensó distinto. No fue a la boda, no dio su bendición y, según se cuenta, cortó cualquier tipo de ayuda económica con su propia hija. Ni una llamada, ni un gesto de reconciliación.

Lo llamativo es que tampoco perdonó a su hijo, arrestado por posesión de sustancias: dijo que donará su fortuna a la caridad antes que dejársela a él. Dos hijos, dos rechazos, un mismo silencio de padre.

