James Cameron lo dijo sin rodeos: “les advertí en 1984 y no me escucharon”.

El director de Terminator no habla de nostalgia de Hollywood. Habla de Skynet, esa inteligencia militar que en su película tomaba el control de las armas nucleares y se volvía contra los humanos. Cameron sostiene que ese guion, escrito hace cuatro décadas, dejó de ser ficción.

Su preocupación actual no es que la IA escriba código o pinte cuadros. Es que las potencias del mundo ya están en una carrera armamentista de inteligencia artificial: si las democracias no la construyen, advierte, sus adversarios lo harán igual, y la escalada será inevitable. Su temor más profundo repite escena por escena su propia película: sistemas de combate automatizados que actúan más rápido de lo que un humano puede pensar, sin margen para frenar un conflicto a tiempo.

Para Cameron, la línea entre su película y la tecnología real ya no existe. Si no se ponen límites ahora, dice, el resultado será un sistema que nadie podrá apagar.

