Japón se está quedando sin manos para cuidar a sus abuelos.
El país tiene la población más envejecida del planeta después de Mónaco, y 1 de cada 6 personas ya supera los 75 años. El Ministerio de Trabajo calcula que para 2040 faltarán 570.000 cuidadores, y casi nadie quiere ese trabajo: hoy el 70% de quienes lo hacen son mujeres de más de 40 años, agotadas por turnos que exigen levantar cuerpos enteros varias veces al día.

La empresa Visionary, en Nagoya, encontró una salida poco convencional: reclutar fisicoculturistas. Solo en el último año contrataron a 168 personas y ya tienen más de 30 exatletas trabajando en 25 centros de Ichinomiya. En Kochi, una residencia familiar suma a 10 peleadores de artes marciales mixtas que viven y entrenan ahí mismo, y en Tokio un centro de día tiene su propio equipo de luchadores de sumo retirados.

Les pagan más de 1.600 dólares al mes, les dan alojamiento gratis, gimnasio y suplementos proteicos. Yusuke Niwa, director de Visionary, apostó a que la fuerza física podía convertirse en la respuesta a una crisis que nadie más quiso resolver.
