Jason Turner caminaba por Point St. George Beach, en Crescent City, California, un día después de las celebraciones del 4 de julio. Iba con su novia. En la arena vio un objeto de unas seis pulgadas de largo, restos de la noche anterior. Lo levantó.

La oficina del sheriff cree que era un fuego artificial casero que nunca detonó durante la fiesta. Estalló en su mano izquierda. Turner perdió la mano, que terminó siendo amputada tras dos cirugías adicionales en el Sutter Coast Hospital. También perdió audición y parte de la visión. Su novia salió ilesa.

Es el único sostén de su familia y todavía tiene dos hijos en edad escolar. Su hija Ashley abrió una campaña de recaudación para cubrir los gastos médicos y de recuperación. Días después del último cohete, la playa seguía siendo peligrosa.

