Jasper llegó a la casa de Kelli en 2010, envuelto como regalo de Navidad. Nadie imaginó entonces todo lo que ese pequeño esfinge, sin una sola hebra de pelo, tendría que enfrentar.

El virus del herpes felino le provocaba brotes constantes en los ojos. En 2013 una úlcera corneal obligó a los veterinarios a extirparle uno; dos años después, el mismo destino le tocó al segundo. Jasper se quedó completamente ciego. Y como si fuera poco, en abril de 2019 sufrió un derrame cerebral que le arrebató incluso la capacidad de orientarse por instinto.

Hoy vive en Maine, Estados Unidos, junto a Kelli, quien lo cuida con una dedicación que incluye dejarlo en un corral seguro cada vez que sale de casa. Lejos de esconderlo, Kelli decidió mostrarlo tal cual es: sin pelo, sin ojos, pero lleno de vida. Más de 77.000 personas en Instagram siguen cada paso de este gato que demostró que la belleza y el cariño no dependen de la vista.

