Darrick Mittlestadt fue jefe de bomberos en el condado de Laramie, Wyoming. En su casa, mientras apagaba incendios ajenos, su hijo adoptivo de 13 años se consumía hasta pesar apenas 23 kilos.

Un médico especialista en abuso infantil lo describió como un “sobreviviente de campo de concentración” al examinarlo. El adolescente contó a las autoridades que solo comía una vez al día y que llevaba dos años sin salir de la casa, salvo para ducharse o cepillarse los dientes. Todo terminó el 22 de junio de 2025, cuando lo dejaron en un centro de desarrollo juvenil en Douglas, Wyoming, y alguien finalmente hizo preguntas.

Su esposa, Angela Mittlestadt, ya se declaró culpable y aceptó entre 15 y 17 años de prisión. Darrick, en cambio, decidió enfrentar el juicio. Esta semana subió al estrado en Cheyenne y, entre lágrimas, se limitó a decir que no fue “un buen padre” y que no fue observador en su propio hogar. Podría enfrentar hasta 50 años de cárcel si el jurado no le cree.

