Jennifer Lawrence tenía 25 años cuando decidió decir basta.
Fue en 2016, durante una entrevista con el programa Extra en la premier del documental “A Beautiful Planet”. Le preguntaron por su amiga Amy Schumer, otra actriz que como ella había sido etiquetada como “plus size” en los medios. Lawrence no se guardó nada: “Hay muchísimas maneras diferentes de ser bella. Todo el mundo siempre habla como si fuéramos actrices de tallas grandes. Nuestra idea de lo que es tener curvas es, digamos, muy extraña”.

Días antes, en Harper’s Bazaar, había dicho algo parecido: que no quería que la llamaran “normal”, sino que la industria entendiera que hay un nuevo tipo de cuerpo normal. Schumer, por su parte, había reclamado en Instagram por aparecer sin permiso en un número especial de tallas grandes de la revista Glamour. Dos actrices, la misma incomodidad frente a una industria que sigue sin saber cómo mirar a las mujeres reales.
