En 2018, en West Palm Beach, Florida, Estados Unidos, Kevon Watkins, de 16 años, cambió la contraseña del Wi-Fi para que nadie más pudiera conectarse mientras jugaba Xbox.

Cuando su madre intentó quitarle la consola, él se negó y su hermana Alexus Watkins, de 20 años, intervino. La discusión escaló hasta que Kevon la sujetó del cuello y no la soltó pese a los intentos de su familia por detenerlo.

Cuando la policía llegó y logró que la liberara, Alexus cayó inconsciente y murió por asfixia. En 2019, Kevon fue condenado a cadena perpetua y, al abandonar el tribunal, rompió en llanto y pidió perdón.

