Maxime tiene 22 años y un cargo que se inventó él mismo: “altar boy manager”.

En su parroquia, el joven con síndrome de Down ayuda a formar a los monaguillos nuevos. Sirve en el altar desde su primera comunión. Por eso, cuando supo que el papa León XIV iba a celebrar misa en la Place de la Concorde de París, no soñó con un saludo ni con una foto. Pensó en algo más suyo: ponerse el alba y trabajar.

Él y otros cinco jóvenes de la Fundación Jérôme Lejeune —Théophile, de 11; François, de 28; Foucauld, Timothée y Jérôme— firmaron una carta con esa petición. Théophile se la entregó al Papa en una audiencia en junio. La respuesta del Vaticano fue sí. El 26 de septiembre los seis sirvieron entre unos 400 monaguillos de toda Francia, ante una multitud que algunas estimaciones elevan a 800.000 personas.
Jérôme Trillard lo explicó ante las cámaras de C News: personas como él no deben ser excluidas. Aquel día, en el altar, no hizo falta repetirlo.
