Choupette dormía en almohadas de seda, viajaba en jet privado y tenía dos niñeras propias. Así vivía la gata birmana de Karl Lagerfeld, el diseñador que la trataba como a una hija y que, según los rumores, planeaba dejarle una fortuna cuando ya no estuviera.

Lagerfeld murió en 2019 y desde entonces la historia de la herencia millonaria le dio la vuelta al mundo. Pero han pasado siete años y, según su cuidadora, Choupette todavía no ha recibido ese dinero. En Francia la ley es clara: un animal no puede ser dueño de un patrimonio, así que el proceso quedó atrapado entre disputas legales que nadie ha resuelto.

Mientras tanto, ella sigue en París, en la casa que su dueño dejó organizada antes de irse, cuidada por la familia humana que él mismo eligió para ella. No tiene el dinero, pero sí conserva algo que el diseñador nunca dejó de darle en vida: un lugar seguro donde ser exactamente lo que siempre fue, su gata más consentida.

