El 26 de septiembre de 1980, Kevin Hillier paseaba por un área boscosa cerca de la antigua escuela de Kingower, en el estado de Victoria, Australia. Llevaba un detector Garrett Deepseeker que había comprado durante su recuperación de una cirugía de espalda. A 30 centímetros bajo la superficie, la señal se disparó.

Lo que extrajo del suelo pesaba 27,21 kilogramos y medía 47 centímetros de largo por 20 de ancho: la pepita de oro bautizada como “Mano de la Fe”. Con 875 onzas troy de peso, se convirtió de inmediato en la pieza más grande encontrada con un detector de metales en toda la historia registrada. Hillier vivía entonces con su esposa Bep y sus cuatro hijos en un autobús reconvertido en vivienda.

En 1981, el Golden Nugget de Las Vegas adquirió la pieza por más de un millón de dólares. Hoy sigue expuesta en el lobby del casino. Solo existe una pepita más grande en los libros: la “Welcome Stranger”, de unos 72 kilogramos, hallada también en Australia pero en el siglo XIX y sin detector.
