

Kuu, un gato de 7 años, no lo dudó ni un segundo.
Cuando Shino, su hermano perro de 17 años, empezó a olvidar dónde estaba y a moverse sin rumbo por la casa, el gato no se alejó como haría cualquier otro compañero de especie distinta. Se quedó. Lo acompaña cuando se desorienta, se acurruca junto a él para tranquilizarlo y vigila que no se golpee mientras el Alzheimer avanza y le nubla la cabeza.
Se criaron juntos desde cachorros, a pesar de la diferencia de raza y edad, y esa historia compartida parece ser justamente lo que hoy sostiene a Shino. Kuu lo baña con lametones, lo contiene cuando se agita y se mantiene cerca como el ancla que su hermano necesita para no perderse del todo en su propia mente. No hay veterinario que le haya enseñado esto: es puro instinto de familia.
