La acicalaba con la lengua; después se tragaba su pelo

Por Krishna Medina
26 September, 2026

En 2013, Lisa tenía 43 años y vivía en Detroit, Michigan, cuando su historia llegó a My Strange Addiction, el programa de TLC. Su adicción: comerse los pelos de su gata.

TLC

“El pelo lo encuentro en todo el departamento. En el piso o detrás del sillón, pero los mejores son los que están en el gato”.

La forma de acercarse a su felino y robarle los pelos comenzaba como una escena de acicalamiento: la lamía con la lengua, como haría una mamá con su gatito.
Lisa contó que había comenzado a comer el pelo de sus mascotas 15 años atrás porque eso la hacía sentirse más unida a ellas; después, ya no pudo parar.

Las zonas que lamía de su mascota eran los hombros, las orejas, la parte posterior de la cabeza y el rostro, evitando por completo las patas y la zona trasera. Además, resumió aquel vínculo así: “Es una forma de vincularnos y parece que ambas lo disfrutamos”.

Pero el pelo no quedaba en su boca para escupirlo. Lisa decía que lo tragaba y que necesitaba consumirlo aproximadamente cada dos horas, hasta unos tres mechones o bolas al día.

Solo masticarlo me relaja, es una sensación reconfortante. Su pelaje tiene una textura muy particular, es tan suave y esponjoso, casi como algodón de azúcar

Pero tragar pelo repetidamente puede formar bolas compactas en el aparato digestivo y llegar a obstruirlo. Expertos también advierten que la saliva animal puede transmitir gérmenes al entrar en contacto con mucosas.

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