Haaland ni se había enterado. Le dijo a Marmoush que se pusiera el equipo de entrenamiento, como si fuera un día cualquiera en el City. Pero Marmoush ya no pertenecía a ese vestuario: se iba al Tottenham.

El noruego no hizo más que alegrarse por su amigo, se iba a cumplir su sueño en otro club. Un cálido abrazo entre ambos, deseando suerte antes de emprender un nuevo rumbo.
Aunque Haaland le dejó una advertencia: “Ni se te ocurra ignorarme en Snapchat”. Puede que ahora vayan a ser rivales, pero jamás enemigos.
Una nueva muestra de la calidad humana que tiene el noruego para relacionarse con sus compañeros, un gran contraste con la bestia que se transforma en el terreno de juego.
