Había humo en todas partes y una niña de 8 años que no podía respirar. Jennifer Mily tenía 21 años, su turno recién empezaba y una sola máscara de oxígeno en la cara. La decisión que tomó en ese momento le cambiaría la vida: se la quitó y se la puso a Helena.

Lo que vino después fue grave. Sin protección, Jennifer inhaló una cantidad masiva de humo tóxico mientras terminaba el rescate. Esa misma noche fue trasladada de urgencia a un hospital en São Bernardo do Campo, São Paulo, donde los médicos diagnosticaron complicaciones pulmonares severas y neumonía. Estuvo al menos cuatro días en cuidados intensivos. Su colega Washington Aquino lo dijo sin rodeos: esa decisión fue lo que salvó a la niña. Además de Helena, Jennifer logró sacar a otras diez personas del incendio en Nova Aliança, en el interior de São Paulo.

Cuando comenzó a respirar sin asistencia mecánica, grabó un video desde la cama del hospital. No se quejó. Agradeció el apoyo recibido y resumió todo con el lema que, según quienes la conocen, define cómo entiende su trabajo: “vida por vidas”. Hay personas que hablan de vocación. Jennifer Mily demostró, literalmente, a qué precio viene la suya.

