Una decisión de infraestructura urbana para el Mundial de México derivó en uno de los conflictos más insólitos de la cita mundialista. El gobierno capitalino inauguró la Ciclovía La Gran Tenochtitlán sobre la Calzada de Tlalpan, la arteria principal que conecta el centro de Ciudad de México con el Estadio Azteca. El problema: esa misma calle es también el corazón del barrio rojo de la capital.

El nuevo carril bici le quitó a los clientes la posibilidad de orillarse con el auto, interrumpiendo directamente el flujo del negocio. Pero lo que terminó de encender los ánimos fue otra cosa: los ciclistas comenzaron a filmar a las trabajadoras sexuales mientras pasaban, una práctica que ellas consideran una violación a su privacidad. Las tensiones escalaron rápido y en pocas semanas los altercados se volvieron frecuentes.
En videos que circularon por internet se puede ver a varias mujeres detener a un ciclista a la fuerza, arrebatarle el teléfono y tirarlo al suelo. Mientras el gobierno capitalino monta un espectáculo para los turistas del mundo, los habitantes de la ciudad lidian con las consecuencias inesperadas de esas mismas obras.
