Kim Kelly, investigadora de la Universidad de Arizona, se hizo una pregunta que suena a ternura pura: ¿esos lengüetazos de tu perro podrían estar cuidándote por dentro?
Junto a un equipo de la misma universidad y de la Universidad de California en San Diego, diseñó un estudio donde adultos mayores de 50 años convivirían tres meses con un perro adoptado de un refugio. Cada mes revisarían su bacteria intestinal, su dieta, su actividad física y su sistema inmune — y también el de sus nuevos compañeros de cuatro patas.

La idea detrás de todo esto: que los microbios que compartimos con ellos actúen como un probiótico, algo parecido a lo que hace un yogur, pero con cola y ladridos. Todavía no hay resultados finales publicados, pero la hipótesis ya te da una razón hermosa para no esquivar el próximo beso húmedo de tu perro.
