

El hijo mayor de Marc Cucurella, Mateo, fue diagnosticado con autismo a los tres años. Las primeras señales llegaron mucho antes: cuando Mateo era bebé, aleteaba las manos al escuchar música, y en el colegio aparecía siempre solo mientras los demás niños jugaban en grupo.
Esa imagen —la del niño aparte del resto— marcó profundamente a Cucurella. Tanto que hoy lleva el pelo largo por él: para que, si algún día Mateo lo olvida entre la multitud de un estadio, al menos pueda reconocerlo por su cabello.
El futbolista lo ha dicho sin rodeos en varias entrevistas: cambiaría todo su dinero y su éxito con tal de ver a su hijo sano. Tú puedes tener títulos, contratos millonarios y la camiseta de tu país. Pero hay una sola cosa que Cucurella pondría por encima de todo eso, y se llama Mateo.




