La contrataron para cuidarlo. En vez de eso, se quedó con su tarjeta.
Ocurrió en Huesca, España. La mujer trabajó como cuidadora de un anciano y, según la investigación policial, aprovechó que él estaba hospitalizado para hacerse con su tarjeta bancaria. Durante seis meses la usó como si fuera propia: compras personales, gastos varios y tratamientos estéticos, hasta sumar más de 6.700 dólares. El hombre confiaba en ella para lo más básico, y ella lo convirtió en su método de pago.

Lo más perturbador es que los cargos no se detuvieron cuando el anciano falleció. Siguió gastando su dinero después de su muerte, como si nada hubiera pasado. Todo salió a la luz porque su hija y el administrador de la herencia notaron movimientos sospechosos en la cuenta y denunciaron el caso ante la Policía Nacional de Huesca, que ahora investiga a la mujer por estafa.
