Britney Spears no podía ganar.
Cuando bajaba de peso y mostraba abdominales marcados, los tabloides especulaban sobre desórdenes alimenticios o dietas extremas. Cuando subía de peso, en especial tras su regreso a los MTV Video Music Awards de 2007, la llamaban “gorda” y “fuera de forma”, sin preguntarse jamás por su salud mental. Delgada o con curvas, siempre había algo que criticarle.


Esa fiscalización constante de su cuerpo no fue un detalle menor: se convirtió en una de las piezas que sostuvo la narrativa detrás de la tutela legal que controló su vida durante 13 años. En su libro The Woman in Me (2023), Britney contó cómo esos comentarios sobre su físico le destrozaron la autoestima desde la adolescencia.


Hoy, ya lejos de esa tutela, ella misma ha compartido los hábitos de alimentación y entrenamiento que sigue por decisión propia. La diferencia es que ahora, por primera vez, el cuerpo es solo suyo, pero muchos piensan que el daño ya esta hecho.

