Louise Burns tenía 35 años, tres hijos y un bebé con hambre. Estaba sentada en el restaurante del Claridge’s, uno de los hoteles más elegantes de Londres, en pleno Mayfair.
Empezó a darle de mamar. Entonces los camareros se acercaron casi corriendo y le pusieron encima una servilleta enorme. Debía taparse junto a su bebé para no ofender a los demás clientes.

Ella lo contó después al Evening Standard: se echó a llorar. En una mesa de mantel blanco, una madre alimentaba a su hijo y la trataron como si estuviera cometiendo una falta.
Pudo irse en silencio. No lo hizo. Buscó a Free to Feed, un grupo que defiende el derecho a amamantar en público, y a inicios de diciembre de 2014 llegó a las puertas del hotel con decenas de mujeres.

Se sentaron frente al Claridge’s y dieron de mamar a sus hijos, sin servilletas y sin esconderse. Su fundadora, Emily Slough, explicó que escenas así hacen que muchas madres dejen de intentarlo.
El hotel se disculpó y quiso verla de vuelta. Louise respondió que nunca volvería.
Hay mesas donde no se come solo pan. Se come también el derecho a no pedir perdón por alimentar a un hijo.

