Tras perder la gran final y ver la tarjeta roja en una jugada insólita, el mediocampista rompió el silencio. Lejos de asumir la culpa, acusó al arbitraje de persecución y se negó rotundamente a pedir disculpas.


Perder una final siempre duele, pero la forma en que se asimila la derrota define la grandeza de un equipo. Tras el silbato final que coronó al nuevo campeón y dejó a la Selección Argentina con las manos vacías, la atención se trasladó del césped a la zona mixta, donde una declaración de Enzo Fernández terminó de encender la pradera del fútbol mundial.
El volante del Chelsea, quien dejó a su equipo con un hombre menos en un momento crucial del partido tras una falta tan imprudente como innecesaria, reapareció ante los micrófonos. Pero quienes esperaban un gesto de humildad o unas disculpas a su hinchada, se encontraron con un muro de rabia y señalamientos.


“Jugamos contra el árbitro”: Sin autocrítica tras la derrota
Visiblemente molesto y sin intenciones de ocultar su frustración, Enzo Fernández disparó directamente contra el cuerpo arbitral para justificar la caída de la Albiceleste:
“Hoy me voy muy triste, me voy muy enojado. Hoy jugamos contra el arbitraje. Fuimos los mejores en la cancha hasta que el árbitro empezó a pitarnos en contra. Siempre ha sido así, siempre el arbitraje está en contra de Argentina”.
Para Fernández, la responsabilidad del resultado no estuvo en los errores tácticos, en la falta de efectividad de cara al arco o en la desconcentración defensiva, sino en un “plan orquestado” por el juez del encuentro para perjudicar a su país.


Falta insólita y cero arrepentimiento
Lo que verdaderamente hizo estallar la indignación en redes sociales fue la actitud del futbolista frente a su propia expulsión. Diversos portales internacionales calificaron la tarjeta roja de Enzo como una “decisión tonta e irresponsable” que liquidó las aspiraciones de su equipo en la final.
Sin embargo, al ser consultado sobre si sentía el deber de disculparse con sus compañeros o con la afición por haberlos dejado en desventaja, Fernández fue tajante y no mostró ni un ápice de remordimiento: se negó rotundamente a pedir perdón, asegurando que volvería a jugar de la misma manera y que el castigo fue desmedido.
