Ma Yanli no lo pensó mucho. El invierno pasado, una mañana temprano, vio llegar a su empleada Li Jie con la cara roja, las orejas moradas y las manos tan rígidas que apenas las movía. Había recorrido el camino al trabajo en scooter eléctrico, como casi todo el equipo.
Ma es dueña de una cadena de restaurantes de hotpot de carne de res en Jiaozuo, en la provincia china de Henan. Esa imagen se le quedó grabada, y meses después decidió que sus mejores empleados no tenían por qué seguir pasando frío ni mal clima para llegar a su turno.

El 24 de septiembre los llevó a un concesionario BMW y les dijo que era para una reunión. Algunos descubrieron allí que los coches eran suyos. Cada uno costaba 300.000 yuanes, unos 45.000 dólares, y Ma los había pagado completos dos semanas antes. A Li Jie le registraron un BMW blanco a su nombre ese mismo día, sin que pusiera un solo centavo.
Ma tampoco les pidió firmar ningún acuerdo a cambio. Según contó, el éxito de su negocio es resultado del esfuerzo de todos y cree que deben compartirlo directamente. Li Jie lo resumió así: “¡Estoy emocionadísima! Antes ni me atrevía a pensar en algo así”.

