En 2024, la actriz de cine para adultos Emily Willis ingresó voluntariamente a un centro de rehabilitación en California para tratar una grave adicción a la ketamina. Sin embargo, lo que debía ser el comienzo de una nueva etapa terminó convirtiéndose en una tragedia que cambió su vida para siempre.


Pocas semanas después de su ingreso, la joven sufrió un paro cardíaco dentro del recinto. Según la demanda presentada por su familia, permaneció entre 30 y 40 minutos recibiendo maniobras de reanimación antes de recuperar el pulso. La prolongada falta de oxígeno le provocó un daño cerebral irreversible que la dejó con una incapacidad permanente.

Luego de casi dos años de batalla judicial, un juez aprobó un acuerdo por US$3 millones entre la familia de Willis y el centro de rehabilitación. El convenio no implica una admisión de responsabilidad por parte de la clínica, pero permitirá cubrir parte de los gastos médicos y de cuidado permanente que requiere la ex actriz, quien continúa bajo la tutela legal de su madre. Después de honorarios y otros costos, Willis recibiría aproximadamente US$1,25 millones.



Antes del accidente, Emily Willis había participado en más de 700 producciones para adultos y había comenzado a dar sus primeros pasos en el cine convencional. Hoy, su familia asegura que ningún acuerdo económico podrá compensar el profundo impacto que sufrió.

“Ninguna cantidad de dinero puede devolverle la vida que tenía”, ha sido el mensaje que más repiten sus cercanos mientras continúan acompañándola en su recuperación.
