Karla Gómez vende en la Alameda Central de Ciudad de México y lleva consigo a Merlín, su pato de 2 años que sale a trabajar con camiseta de la Selección Mexicana y calcetines. El 16 de junio de 2026, tras el partido inaugural México 2-0 Sudáfrica, Merlín apareció entre la multitud en el Paseo de la Reforma y en cuestión de horas la Reuters, la AP, el New York Times y la BBC ya hablaban de él. La FIFA lo nombró embajador oficial de la Host City de Ciudad de México. El empresario Ricardo Salinas Pliego le regaló entradas al estadio. El expresidente Felipe Calderón le exigió regalías a la FIFA en nombre de la familia. Un pato de vendedora ambulante.

El problema es lo que vino después. Las ventas de patos en México se dispararon desde que Merlín se volvió viral, y la Unidad de Rehabilitación de Fauna Silvestre de Pachuca ya encendió la alarma: comprarlo por moda es condenarlo. Un pato doméstico puede vivir entre 10 y 15 años, necesita espacio amplio, agua limpia, dieta especializada y compañía de otros patos. No es un souvenir del Mundial. El 3 de junio — antes de que empezara la euforia — la PAOT de CDMX ya había rescatado 17 patos abandonados en el lago del Parque Ecológico Huayamilpas, en Coyoacán.

Merlín lo logró todo. Pero el precio lo podrían pagar miles de animales que no eligieron ser tendencia. 🦆

