LA FOTO MÁS HUMANA DE LEO MESSI: DESPIDIÓ A JORGE, EL HOMBRE QUE NO FUE UN PADRE DE TRIBUNA. FUE UN PADRE DE TRINCHERA.

Por Diego Aguirre
10 August, 2026

Hay una foto que dice más que cualquier título.

Lionel Messi camina con la cabeza gacha, la mirada clavada en el suelo, entre las tumbas del cementerio El Prado, en Rosario. No mira a cámara. No mira a nadie. Mira hacia adentro.

Ese sábado, a las dos de la madrugada, murió Jorge Messi. Tenía 68 años. Había estado enfermo mucho tiempo, incluso durante el Mundial, sin que casi nadie lo supiera. Leo lo sabía. Jugaba con esa mochila puesta.



El domingo lo despidieron. Ceremonia íntima, hermética, con seguridad reforzada y hasta restricción de drones, como si la familia pidiera, por una vez, que el mundo no mirara. Pero una foto se filtró. Y en esa foto está todo lo que no se dijo.

Porque antes de ser el mejor del mundo, Leo fue un chico de Rosario con una pelota y un padre que creyó en él cuando nadie más lo hacía. Fue Jorge quien lo subió a un avión hacia Barcelona.

Fue Jorge quien golpeó puertas, quien negoció contratos, quien fue su representante durante casi toda la carrera. No fue un padre de tribuna. Fue un padre de trinchera.



Por eso duele tanto esa cabeza inclinada en el cementerio. No es solo un hijo llorando a su padre. Es el niño de Rosario despidiendo al hombre que lo llevó hasta acá. El que estuvo antes de las cámaras, antes de los títulos, antes del Balón de Oro. El que vio los primeros goles en potreros que ya nadie recuerda.

Los hinchas dejaron carteles en las rejas: ‘Fuerza familia Messi’. ‘Fuerza Messi, te amo siempre’. Como devolviéndole, aunque sea un poco, todo lo que él les dio durante veinte años.

Nadie sabe qué pensaba Leo caminando así, con la mirada en el piso. Pero cualquiera que alguna vez perdió a un padre lo puede adivinar. Se piensa en lo que falta decir. Se piensa en las manos que ya no van a aplaudir un gol. Se piensa, sobre todo, en agradecer.

Messi ganó todo lo que un futbolista puede ganar. Pero ese domingo, en Rosario, no caminaba como el mejor del mundo. Caminaba como cualquier hijo.

Y esa fue, quizás, la imagen más humana que dio en toda su carrera.

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