Durante décadas, salir con amigos, ir a un bar y tomar alcohol fueron casi sinónimos. Pero gran parte de la generación Z está cambiando las reglas.
Cada vez más jóvenes nacidos entre 1997 y 2012 están reduciendo su consumo o directamente optando por no beber, influenciados por una mayor preocupación por la salud, el ejercicio, el bienestar y también por el costo de salir. El cambio es tan evidente que ya está obligando a la industria del alcohol a preguntarse qué quieren realmente sus consumidores más jóvenes.
Pero hay un factor menos evidente detrás de esta transformación: la forma en que los jóvenes se relacionan entre sí.
“Lo que falta no es la cerveza, sino los amigos”.
Esa frase resume una de las razones detrás del cambio: las redes sociales, los mensajes, los videojuegos y las nuevas formas de comunicación han reducido los encuentros cara a cara. Si hay menos fiestas, reuniones y salidas, también hay menos ocasiones donde el alcohol sea protagonista.


La salud es otro de los grandes motivos. Madison Schmidt, de la Universidad de Nueva York, describe el fenómeno como una auténtica “fiebre por la salud”, en la que la generación Z ha aumentado su interés por el ejercicio, el bienestar, el sueño y el cuidado del cuerpo.
Jamie Parsons, de Hillsdale College, contó que cuando cumplió 21 años prefirió celebrar en casa con una noche de chicas y una tarta helada de mantequilla de maní antes que gastar US$10 en un gin tonic en un bar del centro.
La economía también pesa. El aumento del costo de la vivienda, las deudas educativas y las dificultades para independizarse han hecho que muchos jóvenes sean más cuidadosos con sus gastos.
Y no es que hayan dejado de querer salir o divertirse: simplemente están empezando a imaginar la vida social de una manera diferente.


El café, por ejemplo, está ocupando parte del espacio que antes tenían los tragos: salir a tomar algo ya no necesariamente significa pedir una cerveza o un cóctel, sino juntarse en una cafetería, probar un café especial o simplemente pasar un rato conversando.
Más que una generación que dejó de beber, parece tratarse de una que está cambiando la relación que tiene con el alcohol y el lugar que ocupa en su vida social.
