Desde despertar con un preservativo relleno de algodón en su interior hasta las frías dilataciones diarias y la esperada primera vez tras 6 meses de espera: la joven de 27 años responde las preguntas más morbosas y guardadas de la anatomía trans.

Pocas personas en el mundo se animan a hablar de la cirugía de reasignación de sexo sin adornos ni romanticismos. Sin embargo, la creadora de contenido argentina Martina Bellucci decidió tirar por la borda los eufemismos para contar exactamente qué pasa tras Bambalinas en una de las intervenciones más misteriosas e incomprendidas de la medicina.

A sus 27 años, y tras haber invertido más de 20.000 dólares en su transformación física, Martina confesó el “lado B” de la vaginoplastia y desmintió el mito más grande que existe en internet: “No te cortan el pene y te hacen un hueco; te quedas con lo que tenías”.

El extraño objeto en su interior y 5 días con las piernas abiertas
La cirugía dura entre 7 y 8 horas, pero la verdadera pesadilla para muchos empieza al despertar de la anestesia. Martina reveló el insólito método que usan los médicos para mantener la nueva cavidad abierta durante los primeros días:

“Al despertar tenía algo adentro: un preservativo relleno de algodón con forma fálica que te colocan como tutor interno. Tener eso adentro todo el tiempo te da ganas de ir al baño a cada segundo porque hace presión constante en los intestinos”, relató.

Pasó cinco días internada, sin poder levantarse, con las piernas abiertas, sonda urinaria y bajo el efecto de la morfina. Sin embargo, lo más escabroso aún estaba por venir.

Dilataciones diarias: “Un coso frío de acrílico sin forma”
Para evitar que la vagina recién construida se cierre por el proceso natural de cicatrización del cuerpo, las pacientes deben someterse a una rutina de dilatación mecánica obligatoria de por vida.

Durante los primeros meses, Martina tuvo que hacerlo cuatro veces al día con tres tubos de acrílico de diferente grosor:
“Usas un gel con lidocaína para no sentir dolor, pero no se disfruta para nada. Es un coso frío, de acrílico, sin forma, blanco. Tienes que introducirlo, hacer presión al fondo y hacer movimientos tipo aguja del reloj”, confesó sin rodeos.
El sexo después de la cirugía: ¿Cómo fue la primera vez y qué se siente?
Aunque los médicos le dieron el alta médica para tener relaciones sexuales al tercer mes, el miedo y los nervios hicieron que Martina postergara la prueba de fuego hasta cumplir seis meses de operada.
“La primera vez no fue muy linda. Estaba súper nerviosa, con miedo a que doliera o que pasara algo”, recordó sobre aquel primer encuentro íntimo.
Sin embargo, a medida que fue tomando confianza con su nueva anatomía, el panorama cambió por completo. Al haber conservado el glande para reconstruir el clítoris, las terminaciones nerviosas siguen intactas:


“El clítoris se forma a partir del glande del pene. Cuando una mujer trans se excita, el clítoris también reacciona. La sensibilidad no se pierde, se reubica. Hoy disfruto del sexo al cien por cien. De todas las cirugías que me hice, esta fue la mejor decisión de mi vida”, afirmó con firmeza.

Hoy, con una vida sexual completamente activa y feliz, Martina solo necesita dilatarse una vez cada dos semanas y asegura que el esfuerzo y el proceso valieron cada segundo.
¿Qué te pareció la honestidad de Martina para romper este tabú? 😱🔥
