Jacob Coxon, un investigador británico de 27 años que trabajó durante tres años en OpenAI y posteriormente en Anthropic, decidió abandonar la industria de la inteligencia artificial con una advertencia que encendió las alarmas.

Poco después de renunciar a Anthropic, Coxon publicó en X que ninguna de las dos compañías está actuando de manera responsable y que ambas están avanzando a toda velocidad hacia una superinteligencia capaz de mejorarse a sí misma.
Su preocupación es todavía más extrema: aseguró que quienes desarrollan estas tecnologías creen sinceramente que una IA avanzada podría matar a todos los humanos antes de que termine esta década.

Según Coxon, estos sistemas podrían llegar a superar ampliamente las capacidades humanas, hackear sistemas informáticos, revolucionar campos completos y adquirir acceso a recursos y poder en el mundo real.
Pero lo que hace especialmente llamativas sus declaraciones es que asegura haber escuchado a ejecutivos e investigadores expresar en privado temores mucho mayores que los que manifiestan públicamente.
Y hubo una respuesta que hizo que sus palabras cobraran todavía más fuerza.

Evan Hubinger, investigador de Anthropic y antiguo jefe de Coxon, respondió públicamente que “realmente creemos” que la IA podría matar a todos los humanos, aunque estimó que personalmente considera ese riesgo inferior al 10%. También reconoció que Anthropic todavía no tiene un plan para resolver el problema de seguridad de una futura superinteligencia.
Coxon sostiene que el problema es la carrera entre las empresas: incluso quienes entienden los riesgos sienten que deben avanzar antes que sus competidores.
Y ahí queda la pregunta que deja su advertencia: si las propias personas que están construyendo la tecnología creen que podría volverse peligrosa, ¿estamos avanzando demasiado rápido?
