Olivia Oras tenía 27 años y una vida que recién empezaba a estabilizarse.
Era conocida en Finlandia desde los 14 años, había atravesado adicciones, ansiedad y la muerte de un amigo cercano, y había salido de todo eso para fundar una ONG de salud pulmonar en honor a su padre.


El 3 de septiembre entró a una clínica privada de Helsinki para someterse a una liposucción. Nunca llegó a la cirugía: perdió el conocimiento durante la anestesia previa al procedimiento.

Los médicos del Hospital Universitario de Helsinki intentaron reanimarla sin éxito. La Policía abrió una investigación que califica el caso como homicidio negligente agravado, y su familia presentó una denuncia formal para saber qué falló en esa sala. La clínica, hasta ahora, no ha dicho una sola palabra.
