Salma Hayek lo escuchó durante años: que si los implantes, que si la cirugía, que si algo había hecho para verse así.
Ella lo negó. Y luego decidió explicarlo.
En Red Table Talk, el programa de Jada Pinkett en Facebook, Salma reveló que nunca se operó. Lo que pasó fue otra cosa. Una cosa que le pasa al cuerpo de muchas mujeres y que casi nadie cuenta en voz alta.
“Resulta que soy una de esas mujeres en las que sucedió en cada paso”, dijo. Su cuerpo cambió tanto que la gente llegó a preguntarle si se había operado.

“Mucha gente dijo que me sometí a un aumento de senos, no los culpo. Mis senos eran más pequeños. Han seguido creciendo, muchos, muchos tamaños. Y mi espalda realmente ha estado sufriendo. Y no mucha gente habla de esto.”
Comenzó a experimentar síntomas de la menopausia a mediados de los 40. No fue glamoroso. Fue real.
Y sin embargo, el mundo seguía esperando que luciera igual que a los 30.

Entonces dijo lo que pensaba: “No hay fechas de vencimiento para las mujeres. Eso tiene que irse.”
No lo dijo como consigna. Lo dijo con su propio cuerpo como prueba.
El cuerpo de Salma no cambió por vanidad. Cambió por haber vivido, parido y transitado el tiempo que todas las mujeres transitan. Solo que a ella se lo miraron con lupa y con juicio.
Eso es todo lo que había detrás.


