Alicia Cañas tenía apenas unos meses de vida cuando las burlas empezaron. Su piel no se parecía a la de nadie más.

Vive en Toledo, un pueblo cafetero de Norte de Santander, Colombia, y desde que nació carga con una enfermedad genética que reseca la piel hasta convertirla en una corteza dura, como si fuera madera. Las manos y los pies son lo que más sufre: el dolor, cuenta, es intenso y no la abandona nunca. Durante 25 años los médicos rurales no lograron decirle qué tenía. Solo después del nacimiento de su hija Yurley, médicos norteamericanos identificaron la condición de ambas.

Es una enfermedad incurable y no contagiosa. Y aun así, la rutina de Alicia incluye algo que pocos pueden imaginar: cada dos meses debe cortarse la piel que le crece de más, porque si no lo hace, no puede moverse ni hacer sus cosas. Aun así, le contó a Los Informantes: “Esta enfermedad ha sido difícil para mí en muchísimas cosas, pero a la hora de la verdad es un reto para levantarme y luchar día a día”.

