Amanda Foster, de 33 años, tenía una costumbre antes de cada ecografía: cierra los ojos y repite la misma súplica. “Por favor Dios, mantén tu mano en mi bebé.”

Esta madre de Kentucky ya conocía el dolor de perder un embarazo. Su primer hijo murió por síndrome de Potter cuando ella tenía apenas 17 años.
Ahora esperaba a Kyler, un bebé con un defecto cardíaco congénito, y el miedo volvía cada vez que se recostaba en la camilla del centro Women’s Care of Lake Cumberland, en Somerset.

En una de esas ecografías, su hija Bailey se acercó a mirar la pantalla y señaló algo que Amanda no había notado. “¿De quién es esa mano?”, preguntó la niña. Sobre la cabeza del feto, una forma se distinguía con claridad.

Amanda rompió en llanto ahí mismo y después compartió la imagen en Facebook junto a un versículo de Isaías. No hay explicación médica que confirme qué es esa figura, pero para ella la respuesta era clara, “La mano de Dios cuidando a su hijo”.
