

Paige Bramlett tenía 24 años cuando adoptó a un estudiante de 7 años que conoció en la escuela donde trabajaba.
Apenas llevaban un año construyendo su vida juntos cuando todo se complicó: Paige quedó embarazada, sola, y de un día para otro pasó a ser “madre soltera de 2”. Pero mientras su panza crecía, su hijo no se apartó de su lado ni un segundo. Esperaba a su hermana con una emoción que no cuadraba con lo poco que llevaba teniendo una familia real. Como si toda una vida de esperar por eso mismo se concentrara en esos meses.


Hoy, Paige asegura que no recuerda cómo era su vida antes de sus dos hijos. Lo que empezó como una adopción inesperada terminó siendo el sostén que la ayudó a atravesar la maternidad en soledad. Dos personas que se salvaron mutuamente sin haberlo planeado, y que hoy se aman como si siempre hubieran sido tres.
