El cachorro apenas le llega a la rodilla.
En la estepa de Torres del Paine, Chile, un fotógrafo de vida salvaje logró congelar ese segundo en que un pequeño puma levanta la cabeza y busca los ojos de su madre. Ella mira hacia el horizonte, atenta, vigilante, con esa calma que solo tienen las madres que saben que están protegiendo algo más grande que ellas mismas. Él solo tiene ojos para ella.

No hay palabras en esa mirada, pero tampoco hacen falta. Es la misma mirada que cualquier hijo le regala a quien lo cuida: una mezcla de admiración, confianza y necesidad de estar cerca. En la naturaleza más salvaje del planeta, sobrevive intacto el gesto más tierno que existe.
