Mucho antes de que la meditación y el yoga se convirtieran en fenómenos globales, Paramahansa Yogananda ya estaba intentando acercar estas prácticas a Occidente. Su figura también llegó a influir en personas muy alejadas del mundo espiritual, entre ellas Steve Jobs, quien fue un conocido admirador de Autobiografía de un yogui, el libro escrito por Yogananda. Una edición de la obra incluso señala que Jobs llegó a encargar 500 ejemplares para repartir entre sus invitados.

Yogananda murió el 7 de marzo de 1952, en Los Ángeles, después de pronunciar un discurso durante una cena en honor al embajador de India en Estados Unidos. Según los registros de la época, sufrió una oclusión coronaria. Para sus seguidores, en cambio, su muerte fue un mahasamadhi, término con el que describen la salida consciente del cuerpo de un maestro espiritualmente realizado.

Lo que ocurrió después es lo que convirtió su muerte en una historia extraordinaria. Su cuerpo fue llevado a Forest Lawn Memorial-Park y embalsamado. Harry T. Rowe, director de la funeraria, dejó una declaración notariada sobre su estado, en la que afirmó que no observó desintegración física visible incluso 20 días después de la muerte. También señaló que no había señales visibles de moho y describió el estado de conservación como algo sin precedente en su experiencia.

El relato fue posteriormente incorporado a la tradición de sus seguidores como una posible manifestación de su estado espiritual. La propia organización fundada por Yogananda conserva la declaración de Forest Lawn como parte de la documentación sobre sus últimos días. Sin embargo, hay una diferencia importante entre el hecho documentado y su interpretación: lo que puede atribuirse directamente al director de la funeraria es que no observó signos visibles de descomposición; considerar aquello un fenómeno sobrenatural es una interpretación religiosa posterior.

La historia resulta todavía más llamativa por la influencia que Autobiografía de un yogui terminó teniendo décadas después. El libro, publicado originalmente en 1946, se convirtió en una de las obras de espiritualidad oriental más conocidas en Occidente y fue traducido a decenas de idiomas. Su influencia llegó incluso hasta la cultura tecnológica de Silicon Valley, donde Steve Jobs aparece entre sus lectores más conocidos.

Así, la muerte de Yogananda quedó rodeada de dos historias que siguen llamando la atención: la de un maestro espiritual cuya obra llegó hasta una de las figuras más importantes de la tecnología moderna y la de un cuerpo que, según el director de la funeraria que lo tuvo bajo su cuidado, no presentaba signos visibles de descomposición incluso 20 días después de su muerte. Más de siete décadas después, el caso continúa siendo presentado como uno de los episodios más inusuales asociados a su vida.
