Amanda Maria Sousa Oliveira llegó a una iglesia en Joinville, Brasil, con una historia desgarradora: 12 años, escapada de abusos en el norte del país, sola. La congregación la recibió con los brazos abiertos y la conectó con una familia dispuesta a acogerla. Lo que nadie sabía es que Amanda tenía 37 años. 😶

Durante 14 meses vivió con ellos como si fuera una niña. Bebía de biberón, imitaba la voz de una menor, recibió una fiesta de cumpleaños y la pareja pagó sus medicamentos, incluyendo un fármaco para la diabetes en adultos. Cuando notaron que su apariencia parecía demasiado mayor, ella tenía la respuesta lista: tratamientos hormonales forzados en la infancia y años de abuso la habían envejecido antes de tiempo. La familia le creyó.

Fue un familiar quien empezó a sospechar, buscó su nombre en internet y encontró reportes de casos idénticos en otros estados. La policía confirmó que había operado en al menos siete estados brasileños con la misma táctica. El detalle más perturbador: para hacer creíble su historia de maltrato, se había insertado hasta 100 agujas en el cuerpo. Las radiografías mostraron que aún tenía más de 100 dentro. 😳

