Presley Gerber tenía 27 años y luchaba con algo que nunca escondió. La noche del sábado 19 de septiembre de 2026 ingresó por su propia voluntad a un centro de rehabilitación en Santa Mónica, buscando ayuda una vez más contra las adicciones que arrastraba desde hacía más de una década, pero era demasiado tarde. La mañana siguiente, los servicios de emergencia trataron de reanimarlo sin éxito.
La Policía de Santa Mónica investiga su muerte como una presunta sobredosis, sin embargo, el forense aún no determina la causa oficial.
Sin embargo, detrás de la espantosa situación se esconde el dolor de los seres queridos que lloran la perdida. Solo veinticuatro horas después de su muerte, Cindy Crawford y Rande Gerber fueron vistos saliendo de la casa de su hijo en Hollywood. Ella, con gorra y gafas oscuras, apenas podía ocultar el peso de lo que cargaba. “Cindy está desconsolada. Está completamente devastada. Esta es la peor pesadilla de cualquier padre”, dijo una fuente cercana a la familia.

Presley era el único hijo varón del matrimonio. Su adicción había golpeado a toda la familia, pero Cindy jamás se apartó. En marzo, tras un difícil tratamiento con ibogaína en México, una sustancia que aún no está legalizada en Estados Unidos, ella le escribió: “Eres un guerrero. Estoy muy orgullosa”. En julio, por su cumpleaños 27, le dedicó otras palabras que hoy pesan distinto: “Siempre te veré como mi niño pequeño. Te quiero”.

Cada persona elige su propio camino. Cindy Crawford hizo todo lo que estuvo en sus manos, pero muchos saben que el dolor de una madre, ese, no se va nunca.
