El hambre empuja a niños de los barrios más pobres de Haití a comer galletas de barro. Se preparan con arcilla, agua, sal y manteca vegetal: la mezcla se amasa a mano y se seca al sol, sin cuidados sanitarios.

Conocidas como galette o bombón té, se venden desde hace décadas y cuestan el equivalente a pocos centavos de dólar. No son una tradición culinaria ni una novedad de la crisis: ayudan a engañar el estómago cuando falta comida. Aunque algunos las consideran ricas en minerales, el camarógrafo haitiano Yvon Villus afirmó que los médicos dicen que no son buenas.

Lourdieunane Lambert, estudiante desplazada que vive con su familia en una tienda improvisada, contó que las evita por los problemas de salud. “Pero la gente que tiene hambre las come”, dijo. La urgencia termina poniendo barro en el lugar de la comida.

