Desde sus días como Cat Valentine en Victorious, Ariana Grande ha experimentado una evidente transformación de imagen. Sin embargo, sus cambios físicos más recientes volvieron a generar preocupación entre algunos seguidores, especialmente por su figura cada vez más delgada y sus clavículas y pómulos marcados.

Durante años, la cantante también modificó radicalmente su estilo. Dejó atrás la característica cola de caballo y el maquillaje intenso para interpretar a Glinda en Wicked, adoptando una estética rubia, luminosa y mucho más suave.
En 2024, durante una entrevista con Vanity Fair junto a Cynthia Erivo, Grande reconoció que se había aplicado rellenos y bótox en distintas zonas, aunque aseguró que había dejado esos procedimientos años atrás. También negó haberse realizado una rinoplastia, un aumento de senos, un lifting facial o un BBL.

Pero el debate actual no se centra solamente en la cirugía estética. Tras sus apariciones promocionales y el video musical de Petal, algunos usuarios comenzaron a especular con supuestas enfermedades, trastornos alimentarios o el uso de inyecciones para adelgazar. Otros fueron directamente más crueles y describieron su apariencia como “esquelética”.
Grande ya había respondido a este tipo de comentarios durante la promoción de Wicked: “He estado haciendo esto frente al público y siendo como un espécimen en una placa de Petri desde los 16 o 17 años, así que ya lo he escuchado todo”.


También cuestionó la obsesión por analizar los cuerpos: “He escuchado cada versión de lo que supuestamente está mal en mí. Y luego lo arreglas, y entonces está mal por otras razones”.
Hasta ahora, Ariana no ha confirmado que padezca alguna enfermedad ni que su apariencia actual se deba a un tratamiento específico. Lo que sí ha dejado claro es que lleva más de una década soportando que millones de personas opinen sobre su cuerpo como si les perteneciera.
