
Durante casi 20 años, la Universidad Médica de Tokio decidió en secreto cuántas mujeres podían convertirse en médicas.
No lo dejaban al mérito. Restaban puntos automáticamente a todas las aspirantes en la primera ronda del examen de ingreso y luego sumaban hasta 20 puntos extra a los hombres, sin que nadie lo supiera. Así lograron que en 2018 solo 30 mujeres entraran de 1.018 postulantes, mientras 140 hombres conseguían un cupo de entre 1.596 postulantes. La excusa de los directivos fue que las mujeres, una vez graduadas, terminaban dejando la profesión al casarse o tener hijos, y temían que eso generara escasez de personal en su hospital.

La manipulación no salió a la luz por auditorías ni denuncias de las afectadas: se descubrió durante una investigación por el ingreso irregular del hijo de un funcionario del Ministerio de Educación a cambio de favores. Directivos como Tetsuo Yukioka terminaron haciendo una reverencia pública para disculparse, y Japón lanzó una revisión nacional en las 81 universidades médicas del país. Meses después, la institución readmitió a 67 mujeres que nunca debieron ser rechazadas. Aunque ninguna cifra puede devolverles los años perdidos.
