El cielo se puso naranja y el sol quedó reducido a una línea de fuego. Justo en ese instante, un joven se arrodilló frente a Val Thorens, su novia esquiadora, con un anillo en la mano y el eclipse como testigo.
La silueta de los dos, recortada contra ese resplandor, parece sacada de otra época: ella con las manos en el pecho, él de rodillas, y entre ambos el sol convertido en una medialuna de luz. El fotógrafo Aurel Dreww capturó el momento exacto en que el universo pareció ponerse de acuerdo con sus planes.
La publicación original, en francés e inglés, decía que hay momentos que solo se viven una vez. Y pocas veces esa frase encajó tan bien con una imagen: un eclipse que dura minutos y una decisión que dura toda la vida, coincidiendo en el mismo segundo exacto.
