“Ladridos por graznidos”: Cárcel en Brasil reemplazó a sus perros guardianes por gansos porque los reos se hacían amigos de los canes. Los gansos, en cambio, no perdonan a nadie

Por Krishna Medina
7 October, 2026

En una cárcel del sur de Brasil, algunos de los guardias más atentos no llevan uniforme ni portan armas. Tienen plumas, viven junto a un pequeño lago y hacen suficiente escándalo como para alertar a toda la prisión.

Son los llamados “agentes gansos” de la Penitenciaría de São Pedro de Alcântara, en Santa Catarina. Las aves recorren una franja verde ubicada entre la cerca interior y el muro exterior, uno de los últimos obstáculos que tendría que atravesar un preso que intentara escapar.

Incluso tienen un líder. Se llama Piu-Piu y reconoce cuando los funcionarios lo llaman: escucha su nombre y responde con su característico graznido.

Parece una ocurrencia divertida, pero los gansos están ahí por una razón muy concreta.

Antes, esa misma función la cumplían perros guardianes. Sin embargo, la prisión terminó reemplazándolos por aves. Según explicó el director Marcos Roberto de Souza, mantener a los gansos resulta más económico y el silencio que rodea la cárcel, especialmente durante la noche, convierte cualquier graznido inesperado en una alarma difícil de ignorar.

Sin embargo, existe otra razón todavía más curiosa.

Ya en 2009, el entonces jefe de seguridad, Névio Dallagnol, explicaba a medios brasileños que los perros eran atendidos por los propios reclusos y habían terminado familiarizándose con ellos. Podían reaccionar ante la llegada de funcionarios, pero resultaban menos útiles para alertar sobre presos a los que veían habitualmente, así que con los gansos encontraron una alternativa.

Reuters

Las aves son naturalmente vigilantes y pueden reaccionar con fuertes vocalizaciones cuando perciben una presencia o movimiento extraños. Los gansos, por su parte, son aves muy territoriales y protectoras y no temen atacar a quien sea para defender el espacio que creen suyo. Aunque en este caso no necesitan perseguir al fugitivo ni enfrentarse a él: su trabajo es simplemente hacer escándalo.

La penitenciaría combina vigilancia electrónica, policías penales apostados en el muro y, como una última capa de alerta en el perímetro, los gansos que sustituyeron a los perros.

Lo curioso es que el experimento sobrevivió al paso de los años. Hay registros de su utilización desde 2009 y, cuando Reuters visitó la prisión en 2023, seguían patrullando. Según sus responsables, para aquella tarea concreta habían demostrado ser incluso más eficaces que los perros.

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