En Kedgwick, un pueblo de menos de 2.000 habitantes en New Brunswick, Canadá, había una cabaña con techo de metal, revestimiento de madera y una pequeña chimenea de leña. Tenía generador, parrilla y sillas plegables alrededor. A finales de junio de 2026, dejó de estar ahí.

Nadie vio nada. No hay huellas de maquinaria pesada reportadas, no hay sospechosos, no hay explicación. La policía montada de Saint-Quentin recién hizo público el caso el 25 de agosto, casi dos meses después del robo, y en su comunicado admite algo insólito: no saben cómo alguien pudo desarmar o trasladar una construcción entera sin dejar rastro.
