“Pero es que yo huelo mal”, le dijo el hombre, avergonzado.

Lady Gaga no dudó ni un segundo. “No te preocupes, yo también huelo”, le respondió, y se acercó para la foto como si fueran viejos amigos. Fue hace 10 años, afuera de un hotel en Los Ángeles, después de uno de sus conciertos. Ella le dio una rosa, algo de dinero, y se quedó a hablar con él como si el tiempo no importara

Él le regaló un anillo. Ella se lo puso ahí mismo y lo lució feliz, como si acabara de comprometerse. Tres meses después, dicen que volvieron a encontrarse — y esta vez fue él quien le devolvió el gesto, entregándole una flor con las mismas manos que un día ella no dudó en tomar.

