Philipp Lahm no necesitó levantar la voz para dejar una lección. El ex lateral y capitán de la selección alemana, campeón del Mundial 2014, explicó con una frase simple algo que muchos futbolistas nunca se detienen a pensar.

El juego limpio no era una táctica para caerle bien a nadie, era una convicción que cargaba consigo cada vez que pisaba el campo.

“Ganar es importante, pero hacerlo con dignidad es lo que realmente permanece. El juego limpio no fue una estrategia, fue una convicción”, dijo Lahm.
Y ahí está el punto: los títulos se acumulan en una vitrina, pero la forma en la que los conseguiste es lo único que te sigue a todos lados.
