Al principio, los niños de la aldea se asustaban al ver a Lakshmi, corrían y se escondían detrás de sus madres cuando la pequeña se acercaba. Otros le gritaban cosas que ella no entendía, pero ese miedo inicial se disipó cuando los adultos comenzaron a interpretar su malformación como un signo divino.

Poco a poco, la comunidad entera cambió su mirada. Las madres, que antes evitaban a la familia, ahora llevaban a sus hijos para que recibieran la bendición de Lakshmi. Por otro lado, los padres comenzaron a arrodillarse frente a ella.

Hoy, en los festivales religiosos, es común ver a la pequeña sentada sobre un trono improvisado. La gente se acerca en procesión, le ofrece monedas y dulces, y le susurra plegarias al oído.

Los médicos aconsejaron a la familia de Lakshmi que espere hasta que crezca para ver qué cirugía estética se puede realizar. Pero eso, lamentablemente, le pondría fin a su carrera como deidad.
